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El gobierno de Estados Unidos propuso el jueves abrir casi todas las aguas en alta mar del país a las perforaciones de petróleo y gas, revirtiendo las protecciones existentes en los océanos Ártico, Atlántico y Pacífico.
Esta iniciativa para ampliar la producción energética estadounidense se enfrenta a objeciones de ambientalistas, funcionarios estatales y algunos grupos empresariales preocupados por los derrames y el potencial impacto en el turismo costero.
El secretario de Interior, Ryan Zinke, dijo que el borrador del programa para 2019-2024 dejaría disponible para su licitación a más del 90 por ciento de la superficie total de la plataforma continental exterior, incluidas áreas vetadas por el anterior gobierno del demócrata Barack Obama.
“Queremos aumentar la industria energética en alta mar de nuestra nación, en lugar de rendirla lentamente a costas extranjeras”, dijo Zinke en declaraciones preparadas, indicando que el plan forma parte de la agenda del gobierno del republicano Donald Trump de “Dominio Energético Estadounidense”.
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El Departamento del Interior identificó 47 licitaciones potenciales, comparado con las 11 previstas en la estrategia de Obama, convirtiéndolo en “el mayor número de arriendos en la historia de Estados Unidos” ofrecido en un plan federal de cinco años.
Semanas antes de dejar el cargo, Obama prohibió nuevas perforaciones de crudo y gas en aguas federales del Atlántico y el Ártico, protegiendo 46,5 millones de hectáreas de aguas frente a Alaska y 1,5 millones de hectáreas en el Atlántico, desde Nueva Inglaterra a Chesapeake Bay.
Trump ordenó en abril al Departamento del Interior que reformara el plan actual de perforaciones, que, según la agencia, dejaba el 94 por ciento de la plataforma continental exterior fuera de los límites para las prospecciones.
Legisladores de ambos partidos, grupos medioambientales y líderes empresariales locales en la costa atlántica ya han mostrado su oposición a cualquier intento de abrir sus líneas costeras a las plataformas de perforación, citando riesgos ambientales y amenazas a sus prósperas industrias turísticas. Reuters