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Las autoridades turcas exhortaron este lunes a Estados Unidos a dar marcha atrás en su decisión, tomada la víspera, de suspender la concesión de visados, una medida que inquieta a los mercados en un contexto de crecientes tensiones entre estos dos países, socios en la OTAN.
Las autoridades turcas comunicaron su petición este lunes durante una convocatoria del ministerio de Relaciones Exteriores al número dos de la embajada estadounidense en Ankara, Philip Kosnett, considerando que esto abre el camino a una «escalada inútil» (de las tensiones), según la agencia oficial Anadolu.
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Washington suspendió el domingo de manera inmediata la concesión de visados, excepto los de inmigración, en todas sus misiones diplomáticas en Turquía, días después del arresto de un empleado local del consulado en Estambul, acusado de «espionaje».
En reacción a esta medida de Estados Unidos, Turquía aplicó una de reciprocidad el domingo, suspendiendo la entrega de visados en su territorio a ciudadanos de ese país, haciendo aumentar aún más las tensiones entre ambos.
Este brusco agravamiento de las relaciones repercutió con fuerza en los mercados: la Bolsa de Estambul abrió este lunes con una bajada del 4% y la libra turca se cambiaba a 3,71 por dólar (frente a 3,61 el viernes), tras haber alcanzado un tope de 3,92.
Esta guerra de visados tiene lugar tras meses de disensiones entre Ankara y Washington, vinculadas sobre todo a sus posiciones respecto al conflicto en Siria, la detención de un pastor estadounidense y la demanda de extradición de un predicador musulmán, acusado por Turquía de haber orquestado el golpe de Estado fallido de julio de 2016.
En paralelo, las relaciones entre Turquía y Rusia han mejorado espectacularmente y recientemente concluyeron un importante contrato de armamento, cooperando estrechamente en el caso sirio.
– Crisis «histórica» –
Se trata «sin ninguna duda del momento más bajo de las relaciones» entre Turquía y Estados Unidos, declaró a la AFP Soner Cagaptay, un investigador del Washington Institute of Near East Policy, estimando que la precedente crisis de tanta amplitud tuvo lugar en 1974, con la invasión militar turca de Chipre Norte.
El detonante esta vez fue la acusación por «espionaje», el miércoles pasado, de un empleado turco del consulado estadounidense en Estambul sospechoso de estar vinculado al predicador Fethullah Gülen, exiliado en Estados Unidos, al que Ankara acusa de ser el cerebro del golpe de Estado abortado.
Sin mencionar este caso explícitamente, al anunciar la suspensión de visados, Estados Unidos declaró que debe reevaluar «el compromiso» de Turquía respecto a la seguridad del personal de sus delegaciones diplomáticas.
El ministro de Justicia turco, Abdulhamit Gül, señaló que «Turquía tiene el derecho de juzgar a un ciudadano turco por actividades realizadas» en el país.
Anteriormente, en marzo, otro empleado turco del consulado estadounidense en Adana (sur) fue detenido por haber apoyado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, separatistas kurdos).
En esa región se encuentra la base aérea estadounidense de Incirlik, donde están almacenados decenas de misiles nucleares y es utilizada para las operaciones en Siria.
Esta crisis consular inédita es fruto de varias diferencias entre los dos países, comenzando por Siria, donde Washington apoya a los kurdos, a los que los turcos consideran «terroristas».
Otro elemento de discordia es el caso de Gülen, al que el presidente Recep Tayip Erdogan, exaliado y ahora archienemigo, quiere «intercambiar» por un pastor estadounidense detenido en Turquía.
No obstante, en sus comienzos, la administración de Donald Trump buscaba mejorar las relaciones con Turquía, un socio estratégico.
Por su parte, el Banco Central turco ha afirmado que «las inquietudes vinculadas a la geopolítica tendrían un impacto temporal», intentando tranquilizar a los mercados. AFP