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Las Fuerzas Armadas de Bangladés facilitarán la llegada de ayuda humanitaria a los centenares de miles de refugiados rohinyás que huyen de la vecina Birmania, acusada por la ONU de proceder a una limpieza étnica.
Las autoridades locales y las organizaciones humanitarias están desbordadas por la llegada de refugiados. En tres semanas se formó allí uno de los campamentos de refugiados más grandes del mundo, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Unos 400.000 rohinyás llegaron a Bangladés desde finales de agosto, huyendo de una campaña de represión del ejército birmano en respuesta a ataques de los rebeldes rohinyás.
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Los militares birmanos están acusados de incendiar las localidades de la minoría musulmana. Según testimonios de refugiados, confirmados por los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW), los soldados birmanos irrumpen en los pueblos y hacen huir a sus habitantes disparándoles para luego incendiar sus viviendas.
Para las ONG y la comunidad internacional el objetivo es claro: vaciar esta región del oeste de Birmania de la minoría musulmana.
«Los soldados quemaron todo nuestro pueblo. Cuando caminábamos en el barro para alcanzar la frontera, solo vi pueblos reducidos a cenizas», cuenta a la AFP Somira, de 29 años, instalada al borde de una carretera.
«Algunos intentaron dar media vuelta para llevarse su ganado, pero ya no quedaba nada. Incendian todo para que no podamos ni encontrar el lugar donde vivíamos», agregó la mujer, que llegó a Bangladés hace cuatro días.
Según un informe de HRW publicado este viernes que confirma el de Amnistía Internacional, 62 pueblos fueron incendiados de manera intencionada por el ejército birmano.
«Nuestra investigación en el terreno confirma lo que indican las imágenes vía satélite: el ejército birmano es directamente responsable del incendio a gran escala de los pueblos rohinyás en el norte del estado de Rakáin», declaró Phil Robertson, director adjunto de HRW para Asia.
– «El peor de los escenarios» –
La comunidad internacional debe prepararse para el «peor de los escenarios», advirtió el jueves un responsable de la ONU, es decir, el desplazamiento de todos los rohinyás presentes en ese estado birmano hacia Bangladés.
La minoría musulmana suma al parecer alrededor de un millón de miembros. Entre 10.000 y 20.000 presuntamente cruzan cada día la frontera.
Estos últimos años los estallidos de violencia fueron frecuentes pero nunca alcanzaron proporciones similares. Tratados como extranjeros en Birmania, los rohinyás representan la mayor comunidad apátrida del mundo.
Desde que se les retiró la nacionalidad birmana, en 1982, son objeto de numerosas restricciones: no pueden viajar o contraer matrimonio sin autorización y no tienen acceso al mercado laboral, a las escuelas ni a los hospitales.
La «persecución» contra esta minoría musulmana es «inaceptable», dijo el jueves el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson. «Esta persecución debe cesar, lo que muchos han descrito como limpieza étnica debe cesar».
La dirigente birmana, Aung San Suu Kyi, en el poder desde abril de 2016 luego de las primeras elecciones libres en 20 años, concentra las críticas de la comunidad internacional.
Prometió salir de su silencio el próximo martes en ocasión de un gran discurso. Un ejercicio peligroso para este ícono de la democracia, que durante su cautiverio encarnó la esperanza de todo un pueblo amordazado durante más de 50 años por una dictadura militar.
La premio Nobel de la Paz debe componer con el ejército birmano, todopoderoso en esta región del oeste de Birmania y que sigue siendo políticamente ineludible, ya que controla un cuarto de los escaños del Parlamento con diputados designados y no elegidos en las urnas.
Las Fuerzas Armadas dirigen además tres ministerios centrales: Defensa, Fronteras e Interior. AFP